Experiencias y aprendizajes hacia la dirección y el desarrollo de personas

Experiencias y aprendizajes hacia la dirección y el desarrollo de personas

Después de cumplir 25 años de experiencias y aprendizajes con centenares de personas con responsabilidad directiva ubicados en estructuras organizacionales diversas, a saber, multinacionales, pymes, empresas familiares, etc, deseamos aprovechar este espacio para compartir parte de nuestro humilde pero generoso conocimiento sobre personas y empresas.

Son muchas las ilusiones e incertidumbres que aparecen en el horizonte cuando uno asume la dirección de un equipo de personas. A lo largo de este verano, iremos haciendo un recorrido por algunas de ellas, que están directamente relacionadas con el día a día de quien dirige.

Os invitamos pues a que hagáis ese recorrido junto a ITÍNERA, a través de los diferentes aspectos que nuestra experiencia nos ha retratado como claves para desarrollar un liderazgo eficaz, transformador, inspirador y orientado a resultados, empezando por el análisis y la transformación personal.

En esta primera entrada, realizaremos una aproximación general al desafío que cada día supone el liderazgo. 

 

Dirigir personas: El desafío diario 

 

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Conocer, observar, motivar, ilusionar, inspirar, compartir, comunicar, controlar, apoyar, definir, aclarar, explorar, preguntar, temporalizar, negociar, enseñar, evaluar, corregir, reconocer, premiar, sancionar, ejemplarizar…. Una interminable lista de acciones a acometer se presenta en el día a día de cualquier directivo. ¿Existe otra profesión con tantas y tan complejas tareas por delante?

La respuesta por nuestra parte no puede ser categórica, pero sí afirmamos con rotundidad que esos verbos de acción acompañan al quehacer directivo y que el reto, no es tanto asumir y llevar a la práctica esas funciones, como hacerlo con la destreza necesaria como para lograr los objetivos deseados.

Esto último, nos lleva a plantear una cuestión nuclear sobre la que ha de reflexionar  desde el minuto cero, toda persona que asuma la dirección de un equipo: ¿Qué pretendo lograr? ¿A dónde quiero llegar? ¿Cuáles son mis metas como director de personas y cuáles son mis metas para con mi equipo?

La respuesta a estas cuestiones nos sitúa en un horizonte plural, donde el logro de aspectos tangibles de negocio, se cruzan con otros más humanos –individuales y grupales- formando una compleja red de conexiones. Así, nos enfrentamos al reto de lograr que las personas que conforman nuestros equipos estén dispuestas a superar sus propias expectativas, en la confianza de saber que no están solas. Instaurar esta creencia en las mentes y corazones de nuestros colaboradores ha de convertirse en nuestro objetivo principal; su consolidación y sostenibilidad formará parte de nuestra observación diaria. Si logramos superar nuestras propias barreras para asumir e interiorizar esta responsabilidad, estaremos adentrándonos en un nivel superior de la dirección de personas: LIDERAR EQUIPOS.

Son muchas las acepciones que se le otorgan a este término y millones de publicaciones las que tratan de analizar su esencia. Pero en estas páginas, nuestra pretensión es sencilla: desvelar algunos de los retos ineludibles asociados al ejercicio del liderazgo efectivo.

Cuando lideramos ponemos en circulación todos los infinitivos que encabezan este apartado y que relacionábamos como parte intrínseca de la función directiva.  No lo hacemos porque sí, sino porque entendemos que es el mejor de los caminos para responder a los retos de negocio que nos plantea nuestra organización, a tenor de las  exigencias formuladas por el entorno en el que operamos. En esa línea, nuestros esfuerzos han de poner el acento en  configurar equipos cohesionados y orientados a lograr metas, vividas y sentidas en primera persona y de forma compartida. Sólo así, estaremos en mejores condiciones de dar respuesta a las demandas formuladas por nuestros interlocutores: jefes, compañeros, pacientes, proveedores, sociedad, etc.

Este desafío supone articular y activar resortes propios -a veces reveladores para nosotros mismos- que inspiren elevadas metas y valores para las personas que dirigimos. En ocasiones, los participantes de nuestros cursos, desde su experiencia directiva nos comentan que se perciben a sí mismos como aquel hombre orquesta  que asumía  la dirección artística y ejecución de diversos instrumentos, todos ellos portados elegantemente alrededor de su cuerpo. Esta comparativa, a nuestro juicio describe de forma metafórica la complejidad de “ser capaz de tocar varios palos en orden a lograr  la más maravillosa de las melodías”.

Por tanto, el primer desafío lo tenemos en nuestro interior: ser capaces de explorar nuestros recursos y canalizar el tremendo potencial que atesoramos hacia la melodía que  pretendemos componer. Elegir un romance popular o una sinfonía, sólo dependerá de lo que estemos dispuestos a intentar.

Pilar González Agudo y Magdalena Requena Miranda
Socias Directoras
Itínera

27 julio, 2016 / Artículos, Noticia

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