¿Qué espero de mi jefe?

¿Qué espero de mi jefe?

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Ponernos en el otro lado, pensar desde la perspectiva del dirigido y no del dirigente nos ayuda a entender lo que nuestros colaboradores esperan de nosotros, en qué les ayudamos y en qué somos un obstáculo para su desempeño y desarrollo.

Una investigación llevada a cabo por la consultora Otto Walter España realizada en noviembre de 2001 desvela cuatro expectativas determinantes que los colaboradores mantienen hacia sus jefes:

1. Que escuche y cuente con mis ideas y opiniones.

2. Que sea coherente y consecuente.

3. Que sea claro en la comunicación de decisiones y tareas.

4. Que me reconozca lo que hago bien y me corrija lo que hago mal.

Estas expectativas por sí solas marcan de forma notable el tipo de jefe con el que nos gusta contar: una persona que concede valor a sus colaboradores, como personas y profesionales. Que visualiza más allá de la tarea, permanece atento a las necesidades de cada colaborador, apoya en las dificultades y reconoce los esfuerzos además de los resultados.
Estas demandas en cuanto a cómo nos gusta ser dirigidos, no han de derivar necesariamente en un perfil estático y deseable de forma universal. Al contrario, lo que marcan son unos mínimos, necesitados de complementarse y enriquecerse con el buen hacer y la personalidad de cada uno.
Por otro lado, casi podemos asegurar que un ingrediente clave para el éxito en la relación jefe-colaborador es la confianza. Sin ella, cualquier transacción en ese binomio puede derivar en procedimientos y metas no deseadas.

Todos necesitamos poder confiar en nosotros mismos y en nuestros interlocutores (compañeros, colaboradores, jefes) para sentirnos seguros a cada paso que damos, en orden a lograr los objetivos marcados. Cuando experimentamos este sentimiento hacia nuestro jefe, se dibuja un horizonte de esperanza, estímulo y expectativa de eficacia, difícil de lograr con otros ingredientes.
Por tanto, si deseamos crear equipos altamente cohesionados y comprometidos hemos de ser conscientes de que las conductas a desplegar han de ser capaces de generar relaciones de confianza y cooperación. Precisamente, los cuatro factores concluyentes del Estudio OW, contribuyen de forma directa a construir esa cimentación.
Por otro lado, comunicar de forma clara y oportuna en el tiempo, ayuda a prevenir muchos malos entendidos que tienen, no sólo un impacto sobre los beneficios sino también importantes repercusiones en la credibilidad.
Mostrar así mismo, claridad en la toma de decisiones y valor para aquellas consideradas como impopulares, es un imperativo ineludible que sin duda recarga la batería de la confianza.
En definitiva, no son cualidades excepcionales las que nos exigen nuestros colaboradores cuando les dirigimos, ni mucho menos conocimientos técnicos complejos; más bien al contrario, son facetas que forman parte de nuestra esencia como humanos, de nuestra personalidad, valores y creencias, que están ahí esperando a que los activemos cuando suenan las alarmas en el equipo.
De nuevo, insistimos en la necesidad de permanecer atentos a las personas y a sus expectativas; sólo así estaremos en condiciones de poder atenderlas adecuadamente y con ello, a su vez crecer en nuestra capacidad de liderazgo.

Pilar González Agudo y Magdalena Requena Miranda
Socias Directoras
Itínera

31 octubre, 2016 / Artículos, Noticia

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