Trabajar en nuestro interior ¿Asignatura pendiente?

Trabajar en nuestro interior ¿Asignatura pendiente?

Es muy probable que en algún encuentro entre amigos o compañeros hayamos conversado acerca de la asignatura más difícil que hemos tenido que cursar. En ese contexto, las respuestas serán tan variadas como personas estén pronunciándose al respecto. Ahora bien, si ampliamos el marco de la pregunta, haciéndolo extensivo a la vida misma, ¿cuál sería nuestra respuesta? No tengo claro si la amplitud y variabilidad seguiría siendo la misma, pero probablemente sí habría manifestaciones comunes: ser feliz, ser padres, aceptar la pérdida humana o de salud, vivir en pareja, etc.

En mi opinión, como profesional de la psicología, considero que uno de los desafíos más exigentes a los que nos enfrentamos a lo largo de la vida es el de aceptarnos a nosotros mismos. Solo desde esa aceptación, estaremos en condiciones de plantearnos metas de desarrollo que nos permitan crecer como personas. Sin aceptación no hay cambio, no hay evolución. Sin aceptación solo encontraremos resistencia.

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En nuestro trabajo de acompañamiento a profesionales, empujamos a la persona a someterse a “la prueba del espejo”, algo que suelen hacer los líderes efectivos, en palabras de Peter Drucker. Trabajar en nosotros mismos requiere “mirarse en ese espejo que es nuestro interior”; se trata de una mirada honesta, exenta de culpabilidades inútiles, pero no de responsabilidad y compromiso.

¿Y qué vemos cuando lo hacemos? ¿Nos inquieta lo que descubrimos? Si es así, buen inicio. Porque la inquietud es una emoción que nos “re-mueve”, es la antesala de la acción y eso es justo lo que tratamos de provocar en los procesos de desarrollo personal y profesional.

Cuando alguien toma la decisión de trabajar en sí mismo, inicia una aventura apasionante que comporta dificultades y oportunidades; emprende un camino de cambio y crecimiento donde la palabra mágica es aprender.

Aprender es una apuesta de futuro que empuja a la persona a situarse en un lugar diferente al que hoy se encuentra. Recorrer este sendero supone ser capaz de responder al desafío de conocer, explorar y despertar la conciencia de uno mismo.

En el aprendizaje, activar la conciencia sobre nosotros mismos es clave es un momento decisivo, pues determina “el equipaje con el que voy a viajar”. Resulta muy esclarecedor formularnos esta pregunta: “¿la forma en que pienso y me comporto me facilita obtener lo que deseo?”.

A partir de ahí, la tarea de asentarnos en nuevas conductas requiere de una convicción firme sobre las bondades de nuestras metas, así como de una marcada perseverancia para mantenernos en el esfuerzo que supone desprenderse de lo habitual, de lo “casi natural”, a favor de renovadas formas de actuación.
En ese transitar, a veces flaqueamos pues pensamos que no vamos a ser capaces, que no merece la pena, que el camino no tiene salida o que aquello a lo que aspiro no es posible. Es momento de parar y reflexionar desde nuevas preguntas: ¿Qué hacen otros? ¿Qué evidencias tengo para saber que no es posible?

De ese modo, empezaremos a cultivar una mirada diferente que nos hará contemplar posibilidades que apenas percibíamos y empezar a usar un lenguaje interior mucho más eficaz y productivo. Aquí es donde aparece lo que llamamos Aprendizaje Transformacional Consciente.

En este marco, y desde este proceso, facilitamos a los profesionales con los que trabajamos, el acompañamiento que los va ayudar a expandir su talento a fin de lograr una verdadera transformación en ellos mismos, en los equipos y en las organizaciones. Es una forma humilde pero certera de contribuir entre todos a crear futuro deseado y compartido.

Pilar González Agudo
Socia-Directora de ITÍNERA, Consultoría y Desarrollo

9 diciembre, 2014 / Noticia

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